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La trinidad corporativa: información, comunicación y decisión

En las organizaciones se habla mucho de información, bastante de comunicación y permanentemente de decisiones. Lo que no ocurre con tanta frecuencia es pensar en las tres como partes de un mismo proceso.

La trinidad corporativa: información, comunicación y decisión

En las organizaciones se habla mucho de información, bastante de comunicación y permanentemente de decisiones. Lo que no ocurre con tanta frecuencia es pensar en las tres como partes de un mismo proceso.

Sin embargo, buena parte de lo que sucede en una empresa podría observarse precisamente desde la relación entre estas tres capacidades. La información permite conocer y comprender una realidad; la comunicación hace posible que esa comprensión circule, se discuta y adquiera significado para otros; y la decisión convierte finalmente ese conocimiento en una posición frente a lo que debe hacerse.

La relación parece evidente, pero en la práctica no siempre funciona de esa manera.

Las empresas nunca habían tenido tanta información disponible. Datos transaccionales, investigación de mercados, CRM, métricas digitales, indicadores financieros, estudios de clientes, inteligencia competitiva y herramientas de inteligencia artificial ofrecen una capacidad extraordinaria para observar lo que ocurre dentro y fuera de una organización. Tener acceso a todo eso no garantiza necesariamente una mejor comprensión.

Los datos necesitan contexto. Un número puede describir con precisión qué ocurrió y decir muy poco sobre las razones. Un indicador puede advertir un cambio sin explicar sus causas. Incluso una investigación técnicamente impecable puede responder correctamente una pregunta que, por cambios en el mercado o en la propia organización, ya no es la más relevante.

La información adquiere verdadero valor cuando ayuda a reducir incertidumbre, revisar supuestos, establecer relaciones y entender mejor la realidad sobre la cual habrá que actuar.

Pero hay un paso adicional. Aquello que una parte de la organización sabe no necesariamente es comprendido de la misma manera por el resto.

Un área puede detectar una transformación importante en el comportamiento de los clientes y tener dificultades para explicar sus implicaciones a otras áreas. Una investigación puede producir un hallazgo relevante y terminar convertida en una presentación que pocas personas volverán a consultar. Una estrategia puede resultar perfectamente clara para quienes participaron en su diseño y mucho menos evidente para quienes deberán ejecutarla.

Ahí la comunicación cumple una función que va más allá de transmitir información. Comunicar también implica seleccionar, contextualizar y relacionar. Supone entender qué necesita conocer el otro y darle suficientes elementos para interpretar esa información desde su propia función dentro de la organización. No se trata necesariamente de comunicar más, sino de evitar que lo importante se pierda entre todo lo demás. Incluso cuando esto funciona bien, todavía queda el paso más difícil: decidir.

Una organización puede tener buena información, comprender adecuadamente lo que está ocurriendo y comunicarlo con claridad y, aun así, no modificar nada.

Tomar una decisión exige algo que ninguna cantidad de datos puede sustituir completamente: criterio. Los datos ayudan a conocer escenarios, la investigación reduce incertidumbre, los modelos permiten estimar comportamientos y la inteligencia artificial amplía enormemente la capacidad de análisis. Todo eso mejora las condiciones para decidir, pero no elimina la responsabilidad de hacerlo.

Decidir supone priorizar, escoger entre alternativas, aceptar determinados riesgos y renunciar a otras posibilidades. Además, casi siempre debe hacerse con información incompleta. Esperar certeza absoluta también es una decisión y, en determinados contextos, puede ser una de las más costosas.

El problema es que información, comunicación y decisión suelen habitar espacios diferentes dentro de las empresas. Los equipos de investigación o analítica producen información, otras áreas se encargan de comunicar y las estructuras de dirección deciden. La especialización es necesaria, pero puede crear distancias entre procesos que deberían mantenerse estrechamente relacionados.

Cuando quien produce información desconoce las decisiones que la organización necesita tomar, puede terminar midiendo con enorme precisión asuntos de poca relevancia. Cuando la comunicación pierde contacto con la evidencia, el mensaje puede adquirir más importancia que aquello que pretende explicar. Y cuando una decisión se toma lejos de ambas, existe incluso el riesgo de utilizar posteriormente la información para justificar lo decidido, en lugar de permitir que la información participe realmente en la construcción de la decisión.

Por eso puede resultar útil pensar en información, comunicación y decisión como una especie de trinidad corporativa. No porque sean las únicas capacidades que determinan el éxito de una organización, sino porque existe entre ellas una dependencia difícil de ignorar.

La información necesita encontrar la manera de llegar a quienes pueden utilizarla. La comunicación necesita contenido y evidencia para no convertirse simplemente en discurso. Y ambas pierden buena parte de su potencial si nunca llegan a influir sobre lo que una organización decide hacer.

Esta relación adquiere todavía más importancia en un entorno donde producir datos, análisis y contenidos será cada vez más fácil. La tecnología continuará aumentando nuestra capacidad para medir, procesar y comunicar prácticamente todo. La diferencia probablemente estará menos en la cantidad disponible y más en la capacidad de una organización para conectar esas capacidades.

No necesariamente sabrá más la empresa que tenga más datos. Tampoco decidirá mejor la que produzca más reportes o comunique con mayor frecuencia.

La ventaja estará en conseguir que lo que la organización sabe, lo que logra comprender y lo que finalmente hace no sean tres realidades separadas.

Ahí está el verdadero sentido de esta trinidad corporativa: información que ayuda a comprender, comunicación que permite compartir esa comprensión y decisiones que consiguen convertirla en acción.