Public Policy Intelligence
Una empresa puede conocer muy bien su mercado y, aun así, pasar por alto decisiones públicas capaces de transformar su futuro. Esteban Álvarez reflexiona sobre la importancia de anticipar cambios regulatorios, comprender los procesos de política pública e integrar la inteligencia del entorno institucional en la estrategia empresarial.

Una empresa puede conocer muy bien su mercado y, aun así, estar mirando solo una parte de lo que determinará su futuro.
Analizamos consumidores, competidores, costos, talento y ventas. Construimos presupuestos, proyectamos escenarios y discutimos dónde crecer. Pero algunas decisiones capaces de cambiar esos planes todavía no han sido tomadas. Se están discutiendo en otros espacios.
Una reforma regulatoria, nuevas reglas laborales o tributarias, una decisión sobre infraestructura o un cambio en los incentivos a la inversión pueden modificar las condiciones bajo las cuales una empresa había decidido invertir, contratar o expandirse.
El problema es que muchas organizaciones comienzan a prestar atención cuando la decisión ya está tomada. Para entonces queda, sobre todo, reaccionar.
En una reciente conversación con Elias Soley G., abogado con amplia trayectoria en política pública y experiencia en el sector empresarial, el gobierno y organismos internacionales como la OCDE, surgió una idea que vale la pena considerar: las políticas públicas no aparecen de un día para otro. Antes de convertirse en una ley, regulación o decisión administrativa, suelen dejar señales.
Hay discusiones, actores e intereses. Las posiciones cambian y aparecen posibles puntos de acuerdo. Aprender a reconocer esos movimientos también debería formar parte de la estrategia de una empresa.
Esto es particularmente importante para las multinacionales. Una casa matriz compara países y condiciones antes de decidir dónde colocar capital o ampliar operaciones. Y en esa comparación la competitividad es mucho más que impuestos. Pesan también el talento, la energía, la infraestructura, la logística, la regulación, la productividad y la seguridad jurídica.
El relacionamiento institucional tampoco debería reducirse a conseguir reuniones o conocer a las personas correctas. Un buen mapa de actores ayuda a entender quién participa en una decisión, qué intereses están en juego y dónde pueden aparecer coincidencias.
Hay un ejercicio que cualquier empresa podría hacer: identificar qué decisiones que hoy se discuten fuera de la organización podrían cambiar su negocio en los próximos dos o tres años.
A partir de ahí interesa saber quién participa, cómo se mueve la discusión y qué podría significar cada escenario para la empresa.
Anticipar, en este contexto, no significa intentar predecir la política. Los procesos políticos e institucionales contienen demasiadas variables para pretender hacerlo con certeza. Significa identificar señales, comprender tendencias y construir escenarios suficientemente temprano como para que una organización conserve opciones cuando llegue el momento de decidir.
En algunos casos será necesario actuar. En otros bastará con prepararse. Y habrá situaciones en las que la mejor decisión será simplemente observar. Poder distinguir entre esas circunstancias también forma parte de una buena lectura del entorno.
Es precisamente en este punto donde la inteligencia de negocios puede ampliar sus fronteras. En VALORE hemos trabajado bajo la premisa de que comprender una organización requiere integrar distintas fuentes de conocimiento sobre mercados, clientes, competidores y stakeholders. El entorno institucional y de política pública agrega otra dimensión: decisiones que ocurren fuera de la organización, pero que pueden terminar modificando lo que ocurre dentro de ella.
De allí cobra sentido el concepto de Public Policy Intelligence. No como otra denominación para el monitoreo legislativo, los asuntos públicos o las relaciones gubernamentales, sino como una capacidad para comprender procesos que todavía están evolucionando y evaluar anticipadamente sus posibles implicaciones empresariales.
Algunas de las decisiones más importantes para una empresa u organización todavía no han sido tomadas. Esperar a que lo estén para comenzar a entenderlas puede ser demasiado tarde.